Parece ser que los pingüinos antes de lanzarse al agua, se agrupan alrededor de la zona del bloque de hielo que linda con el mar. A continuación, se empujan unos a otros como si se tratara de una sutil coreografía, hasta que al final termina por caer uno de ellos. Cuando esto sucede el resto espera unos segundos para comprobar que no ha sido atacado por el depredador de turno (orca, leopardo marino, etc.) y siguen a su compañero/a.
En un equipo de trabajo a menudo sucede algo parecido. Ante un conflicto que no es abordado de una forma clara y directa, la tendencia es que sus miembros inicien un baile parecido al de estas aves. Poco a poco van apareciendo subgrupos que hablan de lo que está sucediendo en los pasillos, a la hora del café, por whatsapp, etc. hasta que tarde o temprano alguien se empapa hasta tal punto que termina siendo quien lo expresa. Puede hacerlo manteniendo una actitud agresiva con el/la líder en una reunión, no realizando adecuadamente su trabajo al no encontrarse motivado/a, siendo la persona más crítica con todo lo que acontece en el grupo, etc.
Cuando esto sucede el resto de compañeros, siguiendo la pauta marcada por los pingüinos, aguarda hasta ver cómo responde el/la jefe/a. Si lo hace atacando al/a colaborador/a que le está ocasionando problemas, nadie más se “tirará al agua” y se confirmará que en ese equipo de trabajo es mejor no expresar el conflicto. Si por el contrario entiende que se están produciendo problemas que no se han abordado adecuadamente y trata de favorecer su expresión a través del espacio de la reunión, entonces además de dar un gran paso hacia su resolución, evitará que su rol se confunda con el de un depredador.
En cuanto a la persona que de un modo u otro es “invitada” a lanzarse al agua, es importante tener presente que ejerce un rol de chivo expiatorio del que conviene salir lo antes posible. Al final no deja de ser alguien que expresa un conflicto grupal pero que asume en exclusividad cualquier consecuencia negativa que pueda originarse a partir del mismo. Mientras sea útil al grupo, será alguien popular y reconocido/a, pero si vienen mal dadas, ningún compañero/a se lanzará al agua a rescatarlo/a.
Rivendel Grupos y Organizaciones

5 comentarios
El miedo, ante una nueva situación o cambio de la anterior, es entendible, desde que el mundo es mundo siempre se a optado por el sacrificio del individuo por el bien de la colectividad. Es una postura cobarde y egoísta que aceptamos y a la que estamos acostumbrados.
Buenas tardes.
Yo pienso que un Chivo expiatorio puede ser un buen inicio para la resolución de problemas frente a tu jefe/a. Siempre y cuando el grupo pacte una serie de reglas, y la principal es no dejar sola a esa persona ante un posible problema con el jefe, que sea más bien un portavoz y que por sus cualidades personales, en cuanto a la facilidad para sintetizar y expresar el problema así como su empatía y don de gentes, le haga ser la persona idónea para tratar de resolver el conflicto frente al jefe/a.
La clave seguramente radica en que el grupo no utilice a ninguno de sus miembros para poner sobre la mesa un conflicto existente. En ese sentido el espacio de la reunión puede resultar muy útil.
Entiendo que en las empresas con representación sindical no debería existir la figura de chivo expiatorio, a no ser que no hubiera buena comunicación con nuestros representantes por lo que alguien debería asumir esta figura con apoyo, como dice Pasión, de los compañeros que respalden la petición. Evidentemente esto llevaría a un conflicto de roles con los representantes sindicales.
Hola,
Incluso cuando existe representación sindical, cuando un grupo no cuenta con un espacio para hablar con su jefe/a de aquello que le preocupa es fácil que surja la figura del chivo expiatorio.
Un saludo
Rivendel Grupos y Organizaciones