Entre todos los roles que conforman un equipo de trabajo sin lugar a dudas el más complejo y difícil de ejercer es el de liderazgo, es decir el de jefe/a.
Por si no tuviera suficiente con garantizar la realización de la tarea, además ha de gestionar las emociones que están presentes en el grupo.
¿Y qué significa gestionar emociones? pues entre otras cosas encajar la agresividad y descontento de sus colaboradores/as, detectar y abordar aquellas situaciones conflictivas que se van creando, escuchar las demandas que hace el grupo, lograr que todo el mundo se sienta tenido en cuenta, lidiar con los temores ante un cambio, etc.
Los conocimientos sobre la tarea que se le suponen no suelen resultar especialmente útiles en esta labor, por lo que los principales recursos con los que suele contar son su intuición (que principalmente se nutre de su experiencia vital) y las habilidades relacionales que haya ido adquiriendo a lo largo de la vida. Es decir que en la mayoría de los casos un/a jefe/a apenas cuenta con una formación sólida que le ayude a gestionar lo que tradicionalmente se ha venido llamando el factor relacional de un equipo.
Esta situación a menudo se traduce en la existencia de equipos liderados por personas muy preparadas para llevar a cabo la tarea técnica, pero que cuentan con importantes carencias a la hoja de gestionar emociones, lo cual siempre termina de la misma forma: con conflictos que de un modo u otro influye en todos los miembros del grupo (especialmente en quien lo lidera) y en su nivel de desempeño.
En ese sentido, parece razonable pensar que al margen de licenciaturas, ingenierías, masters y cursos de postgrado, a una persona que va a liderar a un equipo se le debería de formar en aquellas materias que le ayuden a lidiar con algo tan complicado como son las emociones.
Entre dichas materias tiene un protagonismo importante la formación en dinámica grupal. Un/a líder dirige a un grupo de personas y conocer los principales fenómenos relaciones que en él acontecen y sus implicaciones emocionales, resulta clave. De lo contrario cuando surja la figura de un chivo expiatorio no sabrá ni detectarla ni mucho menos actuar de forma eficaz, o cuando se produzca una situación de cambio y se creen subgrupos no sabrá integrar la ambivalencia que representan, o no será consciente la importancia que tienen las reuniones y cómo se deben de plantear para que resulten participativas y productivas.
En resumidas cuentas, para liderar un equipo es importante contar con alguien que se haya preparado para ello, es decir con un/a ”jefe/a profesional”
Rivendel Grupos y Organizaciones

2 comentarios
Una realidad , la falta de conocimientos en gestión de emociones para liderar equipos, donde la gestión de las mismas es lo más importante para ejercer un buen liderazgo y que el equipo avance con la satisfacción de todos los miembros.
Cierto! Se acostumbra a pensar que todo el mundo se maneja más o menos «bien» en la gestión de personas y en realidad es más complejo de lo que parece (y más si se ejerce un rol de liderazgo).
Un saludo